Por: Alexander Ortiz
Nuestras
aulas constituyen espacios compuestos por escenarios variados, cada uno de los
protagonistas que lo componen cuentan con historias de vidas diversas que retan
al docente a idear estrategias innovadoras con el objetivo crear condiciones
que conduzcan al acercamiento y búsqueda de ideales que mejoren los niveles de
vida de las personas que tenemos a cargo, esa búsqueda por la calidad es lo que
permite crear escenarios alternativos y que hacen la diferencia en la vida de
los individuos.
En
la película, la diferencia de un sistema educativo integrador no la marca el
estudiante que más capacidades posee para sobresalir en el salón de clases y
brillar entre decenas de estudiantes por sus altas calificaciones, ni tampoco
el estudiante que viene de una clase económica alta, media o baja. En la
realidad del trabajo de aula, la variable diferenciadora la hace aquel niño que
con esfuerzo, constancia y dedicación logra salir a pesar de los pronósticos poco
alentadores de sus padres, maestros y compañeros; en especial cuando el estudiante
posee una etiqueta que los marca de por vida.
Lo
grandioso que se destaca en el filme, es el papel que logró desarrollar el
docente a lo largo de la trama. El climax, evidencia la importancia que tiene
un diagnóstico acertado para el desempeño académico de un alumno; y como un
componente pedagógico integrador a la hora de tratar las necesidades educativas
que poseen los alumnos se transforma en un ingrediente mágico e indispensable
para el cambio.
La
historia el corto, pone a reflexionar primero, en la suerte que tuvimos como
seres humanos en no criarnos en un contexto como el descrito (en mi caso
siempre estuve en manos de docente que supieron despertar mis capacidades por
medio de mecanismos para comprender la utilidad de los mismos). Segundo, como
encargados de la educación nos pone a recapacitar sobre el compromiso que conlleva
nuestra labor profesional en el futuro de cientos de niños y niñas que se
desarrollan con menores oportunidades y en situaciones particulares que ponen
en riesgo su salud física, mental, psicológica, emocional y por ende, de su
futuro en una sociedad que consume a las seres humanos que menos tienen.
Un punto
clave que no puede faltar en el análisis, es el hecho que abre la película da
una amplia visión acerca de el cómo poder ayudar a los padres y madres de
familias para que puedan sacar adelante a sus hijos e hijas, el caso del niño
que presentaba una latente necesidad especial, es una puerta abierta para
repensar cuantitativamente que estamos haciendo para introducir en la vida
escolar del niño a las personas con un rango importante jerárquico en la formación
de los mismos. Un vehículo de cambio lo constituyen de una óptima sensibilización
y comunicación asertiva destinada a los diversos públicos. Sin duda alguna, no
solo los padres y estudiantes lo agradecerán, sino también la comunidad y el
país en general.
Lo
bonito que plantean el corto que es hace una radiografía que se basa en uno)
que los docentes tienen el poder para cambiar el universo que envuelven a sus
estudiantes únicamente tiene que haber ganas para hacer el cambio, y dos) que a pesar de las circunstancias y
espinas en el camino que la vida designa para algunos seres humanos existen
personas que a pesar de cada una de sus situaciones en particular tienen la
disposición para salir adelante y optar en la participación por un mundo mejor.
Hecho que hay que reconocer y por ende, estudiar más a fondo.
El
principal aporte que efectúa el análisis gira en torno a que los maestros
tenemos una responsabilidad importante no solo en la formación de los niños y
niñas, sino un compromiso ético implícito con la comunidad con la que nos
casamos cuando firmamos nuestro contrato laboral. Una sana decisión a la hora
de auto valorar nuestro trabajo son las implicaciones y proyecciones que
queremos lograr en la vida de los sujetos que poseemos a nuestro cargo. No hay
que olvidar el hecho que los niños y niñas necesitan adquirir tips para salir
adelante, a través de la orientación que le pueda ofrecer un adulto o maestro. Desgraciadamente,
bastantes adultos -que en el peor de los casos- son educadores, transmiten
mensajes contradictorios que inhiben o aplastan ese querer salir adelante, ocasionando
que muchos infantes se sientan desvalidos y sin armas para optar por una solución
apropiada ante la crisis que protagonizan.
Nuestro
papel como docentes nos lleva a realimentarnos y decir ¿Qué puedo hacer yo y
hasta dónde puedo llegar con la intervención?
Hay
que pensar que somos parte de un engranaje que debe propiciar que se den
procesos importantes en la vida de nuestros estudiantes. A los niños debemos
ofrecerles seguridad, mecanismos para un buen desarrollo de su autoestima, a
enseñarles a tener esperanza y a buscar soluciones en la vida. No es justo que
un niño esté en contacto con un educador que no mueve ni una neuroma por buscar
herramientas para mejorar las condiciones de desenvolvimiento de sus alumnos. Un
docente con este pensamiento es mejor que tome un fósforo y queme el cartón que
lo capacita.
Un
aspecto a recalcar de nuestra profesión y que se convierte en un factor de
éxito en la labor y compromiso que ejercemos es que podemos conocer y estudiar
los casos y vidas de nuestros diferentes alumnos con el objetivo de crear
estrategias acordes a la realidad. Sin embargo, hay que tener presente que los
factores de riesgos y protectores son telarañas y cunas de gato que en el peor
de los casos pueden entorpecer un proceso o garantizar un profundo éxito en el
plan interventor que propongamos.
Los
seres humanos desde el momento que nacemos somos vulnerables a sufrir cualquier
tipo de altercado, pero gracias a Dios, nacemos bajo el cobijo de nuestros
padres –lo duro es saber que a nuestras aulas llegan niños sin un amparo como
lo muestran las estadísticas- no es justo que en el aula le hagamos más dura su
realidad.
Como
enseñanza este artículo abre un espacio que permite recapacitar antes de poner
un adjetivo a una persona, ante todo estos sujetos son seres humanos con
historias de vida diferentes que no contaron con un apoyo en el momento más
preciso, quizá cayeron o escogieron un camino diferente, el cual les permite
darle la espalda a los problemas o situaciones que alguna vez la vida les
presentó.
Como
profesionales debemos tener presente que podemos aprender de los errores que
cometemos. También que trabajamos con personas muy diferentes, las cuales
pueden ver las cosas como aciertos o errores. Por eso, debemos aprender a
explotar de la mejor manera todo el imaginario que trabajamos en el aula.
Este
aspecto se vuelve necesario para la sobrevivencia del ser humano en esta
sociedad actual que en cifras estadísticas y descuida el verdadero valor del
hombre y las mujeres. Nos encontramos inmersos en un mundo donde los sentimientos
y valores se han dejado de lado, hoy en día los antivalores tienen un papel más
relevante. Es aquí donde la escuela debe jugar su papel, existe la necesidad de
fortalecer interiormente a los niños para que puedan resistir esas dificultades
de un mundo tan complejo.
Como conclusión
final, debemos tener presente que el cambio lo hace cada uno de nosotros y
nosotras con el aporte que pueda generar a la sociedad donde nos desenvolvemos
como individuos, lo ideal es aprender a no dudar de las capacidades que poseen
cada uno de nuestros estudiantes. No se vale anteponer justificamos, lo mejor
es ponernos el uniforme y luchar por aquello que creamos que le traerá más
beneficios a la vida de nuestros estudiantes.
Por: Alexander Ortiz
Comentario 2:
Película La Historia de Ron Clark
Sin duda Ron
Clark representa un ejemplo de superación profesional y un rompe esquemas de la
educación tradicional. Cada uno de los escenarios evidenciados y a los que
tenía que afrontarse el educador servía para buscar soluciones acordes a cada
una de las problemáticas que en la práctica se le iban presentando.
Lo grandioso de
este personaje es que a lo largo de la lucha por un modelo educativo integrador
e inclusivo no dejó que la negación del director, de los estudiantes y los
padres de familia afectaran el compromiso que había adquirido como profesional de
la educación.
La principal
motivación que mantenía el docente consistió en la perseverancia, la tenacidad
y en el ideal de querer rescatar a los estudiantes de las garras de un futuro
poco prometedor. La confianza que depositó primero en sí mismo y después en los
estudiantes fueron las bases para para visualizar soluciones concretas que
permitieran rescatar a esos individuos de cada una de las problemáticas que traían
consigo y que arrastraban desde el ambiente familiar, económico y social en el
que les había tocado desarrollarse.
A pesar de que
sus clases se alimentaran de situaciones anormales que harían que un educador
sin vocación saliera corriendo, un agente motivador fue precisamente su
vocación por enseñar y creer que a pesar de las condiciones de sus estudiantes tenían
el potencial para sobresalir ante una sociedad que estaba aplastando sus
oportunidades y la adquisición de competencias para hacerle frente a la
realidad que les había tocado vivir.
La motivación
propia por buscar los recursos para generar aprendizaje significativo en sus
estudiantes es otro fuerte agente que sirve de motivador. A Ron Clark no le
importó estar trabajando en un centro educativo caracterizado por hacer
múltiples atropellos no solo a la capacidad de los estudiantes sino a la
dignidad de los mismos como seres humanos, este educador siempre se vio
empapado de un ideal de vida que consistió en ver cada una de las
potencialidades ocultas de los sujetos que componían su salón de clases, la
clave fue despertar esa semillita y el
querer sacar avanti a cada uno de ellos por medio de la confianza en sí
mismos y la confianza en las potencialidades que ellos poseían pero que el
mismo sistema educativo había apagado parcialmente.
En cada una de
las clases Ron Clark tuvo que enfrentar un sin fin de situaciones que se anteponían
más allá que un reto. Al llegar a New York no solo tuvo que luchar con las
barreras educativas de un sistema que se enfocaba en resultados cuantitativos y
medidos por números. También tuvo que afrontarse a la mentalidad de los padres
y madres de familia que veían a sus hijos como una carga y no como seres con
potenciales indescriptibles y con un gran aporte de la sociedad.
El principal
reto fue hacer que los estudiantes permanecieran en un centro educativo que a
lo interno deseaba erradicarlos y excluirlos de cualquier oportunidad para
salir adelante. Sin olvidar, el arduo trabajo por conquistar a un grupo de
estudiantes que habían perdido la credibilidad en si mismo y que se
autocalificaban de fracasados sociales.
Ante este duro
panorama Ron Clark no perdió el camino y no olvidó los fundamentos que rigen la
educación. El mayor aprendizaje que puede aportar este maestro es que se armó
de valor y asumió cada uno de los retos como una oportunidad para demostrar que
no todo el ambiente que lo rodeaba tenía matices oscuros, que en medio de las
tinieblas había rayos de luz ansiosos de llenar el vacío que rodeaba a cada uno
de los agentes vinculados con la educación.
Clark se
preocupó por buscar recursos metodológicos, realizar un diagnóstico que
contemplara cada una de las situaciones que el niño vivía en el hogar y que
impactan su calidad como estudiante. Cada una de las barreras que sociales,
económicas, ambientales y familiares se fueron solucionando una en mayor grado
que otras el ingrediente fue la comunicación, el diálogo continuo y el manejo
de límites.
Con actividades
que se vincularan a los gustos de los estudiantes puedo abacar temas que en un
principio parecían totalmente ajenos a cada uno de ellos. Logró conocer a cada
uno de los sujetos al punto sabía la forma de actuar de cada uno, la forma en
que iban a responder ante un estímulo y el tipo de inteligencia que predominaba
en ellos.
Lo significativo
de la película es que pudo convertir los pronósticos en una estadística
equivocada y demostró con hechos que a pesar de las adversidades un centro
educativo puede llegar a convertirse en un agente de cambio social y en un
referente para convertir ambientes hostiles en comunidades que forma personas
para sobresalir, y ayudar a sacar adelante a seres que se encuentran en sus
mismas condiciones pero que no han encontrado una guía acertada.
Sin duda la película
es una lupa que nos permite hacer una comparación de la realidad del filme con
nuestro sistema educativo, evidencia que no importa que tipo de educación
recibamos siempre y cuando la misma cobre sentido en nuestras vidas.
La película es
un vehículo para reflexionar sobre la realidad que viven los centros educativos
privados, públicos y subvencionados. En nuestro país es un secreto que las
instituciones educativas privadas tienen ventajas sobre los sistemas educativos
públicos, a pesar que ambas instituciones se rigen bajo los mismos principios
académicos, curriculares, pedagógicos y fines educativos, etc.
Las familias con
mayores recursos económicos prefieren que sus hijos ingresen desde preescolar a
instituciones privadas y marginan la calidad que puedan dar las entidades
educativas de carácter público. Las
razones que explican esta realidad son muy variadas, parte de un factor
implícito es que los centros educativos privados tienen una mejor racionalización
de los recursos que poseen, además que el equipo de trabajo humano está más
comprometido a alcanzar la meta establecida. Por otro lado, los diversos
agentes que participan en el proceso están estrechamente vinculados con la
causa mientras, que en los centros públicos el compromiso, en muchas ocasiones,
no existe.
Sin embargo, a
las instituciones educativas públicas se le achacan, malos índices de calidad
educativa. A las instituciones privadas, se les atribuyen estrategias que
garantizan una educación de calidad y más acordes, con las exigencias del
mercado. Por otro lado, las personas dicen que los maestros están mejores
capacitados que en las escuelas públicas, el compromiso es mayor, los textos de
estudio son más apropiados y la infraestructura física es más adecuada para el
desarrollo de destrezas del individuo, mientras que, las instituciones públicas
no cuentan con un adecuado ambiente para el aprendizaje, así como estándares
coherentes para alcanzar el éxito educativo. Esta realidad es un referente
presente en cada una de las escenas del filme.
Lo que las
personas no ven es que dentro de ambos sistemas existe un proceso
administrativo que deja huella, para que las cosas resulten de la manera en que
se ve la realidad. Lo que no sobresale,
es la mala administración de los recursos educativos públicos por parte de los
altos jerarcas del MEP, no deja que la educación pública evolucione. A los
docentes se les mide por sistemas numéricos y resultados numéricos alcanzados a
fin de año. En ningún momento se detiene a analizar como motivarlos a dar lo
mejor de sí, para que al final alcancen ese objetivo. Además, se les exige mucho pero se les proporciona
poco. En el peor de los casos los directores no creen en su personal ni tampoco
los incentivan para querer sobresalir cada día (lo mismo le sucedió a Ron Clark).
Muestra de ello
son las múltiples exigencias que hay en los centros educativos, pero no hay una
buena distribución de los recursos materiales, económicos y de infraestructura
para alcanzarlo. El presupuesto destinado a la educación no se designa
adecuadamente, recapitulando; en la educación pública existen mayores
contratiempos que muchas veces la educación privada no tiene.
Lo anterior no
quiere decir que la educación privada no tenga también problemas, la realidad
muestra que todas las instituciones educativas del país los tienen unas en
mayor grado que otras. Por ejemplo, las escuelas privadas aunque tienen el
apoyo económico de los padres de familia y la institución, no cuentan con la
preocupación de los padres de familia y el involucramiento de la comunidad en
el proceso. Por otro lado, a los docentes se les recarga de funciones –las
quejas de las personas que trabajan en instituciones privadas son mayores que
las de aquellas personas que trabajan en instituciones públicas-.
Desde este marco
de referencia, podemos ver que nuestro sistema educativo administrativamente
está lleno de barreras que obstaculizan a los estudiantes desarrollar un ciento
por ciento todas sus capacidades, sin embargo no podemos opacar la labor de
miles de educadores que con pocas armas dan lo mejor de sí por obtener de este
oscuro panorama escenarios alentadores.
Como conclusión
puedo aportar que en la realidad, un mínimo fenómeno que se ocasione en las aulas
repercute tanto en los estudiantes como en los y las docentes. Ante tal
paradigma, lo ideal es crear vínculos que funcionen y trabajen para lograr los objetivos
deseados de manera que se contrarresten las necesidades que la globalización
impone y la falta de credibilidad establece.
Con todo esto,
nos queda claro que nuestras políticas educativas no reconocen la realidad que
viven los actores sociales que la componen, en lugar de ser un elemento que
permita la igualdad social, está siendo un vehículo que siembra la desigualdad.
Ante tales interrogantes, hay que tener presente que la educación no puede retroceder,
como país Costa Rica no puede quedar rezagado en temas como: los tecnológicos, los
científicos y los culturales. Todo avanza hacia mejores fines pero no es
completamente aprovechado por los estudiantes en las aulas. Nuestro sistema
educativo debe evolucionar y ser un Ron Clark que con las uñas se vale de
recursos para sobresalir ante otros sistemas globales. A esto me refiero que de
nosotros depende devolver el renombre a la educación pública.
La película nos
sirve para abrir los ojos. No podemos negar que en la actualidad luchamos
contra una corriente de aguas bravas, como docentes hay que estar seguros que
nuestra labor pedagógica es importante, solo por medio de una educación de
calidad se saca adelante cada uno de los sistemas que componen el país: social,
políticos, económicos, de salud, etc. Realmente debemos estar comprometidos, si
queremos sacar desarrollar en nuestros estudiantes destrezas y habilidades que
los faculten para hacerle frente a los tiempos venideros. De nosotros depende
matar las capacidades de los estudiantes o fomentarlas.
En el presente, la mayoría de las personas tienen hambre y
sed de conocimientos, algunas veces estos se ven limitados por la monotonía de
nuestros educadores y educadoras. El Ministerio de Educación Pública de este
país, debe asumir su labor como ente, parte del cambio debe radicar en
establecer medidas administrativas que sirvan para mejorar el funcionamiento de
nuestra educación como: una verdadera preparación y vocación en el cuerpo
docente y un adecuado conocimiento de sus estudiantes.
Sin duda, la clave
para el cumplimiento de tal ambicioso proyecto es el adecuado conocimiento del
entorno, la historia, los factores referentes a la cultura de nuestro pueblo.
Hay que tener presente que se trabaja para mejorar la vida de seres humanos y
no de objetos materiales. Cuando el ser humano está capacitado para hacerle
frente a la realidad inmediatamente que le rodea, puede aspirar a tener un
mejor nivel de vida y a largo plazo, impactar los sistemas que le rodean.
Ron Clark es un
vivo ejemplo y un libro abierto cuyas páginas tienen escritas el mensaje “cuando
queremos podemos”. No es justo que por nuestra inoperancia solo podamos hacerle
frente a niños con conductas deseables, vale la pena reflexionar sobre el que
hacer para que esos niños con conductas indeseables también sean tomados en
cuenta dentro de una proyecto cuyos aportes pueden ser tan significativos como
los de cualquier otro.


1 comentario:
Muy atinado lo publicado, más aún si se toma en consideración la crisis educativa en nuestro país. Sería más que necesario, interesante que nuestros/as docentes tomen un espacio para reflexionar sobre su papel constructor en la vida de cientos de niños y niñas que se encuentran hoy en las aulas. El papel de los docentes va más allá de educar; se convierten en parte de la vida de los niños y eso hace imperativo que más que un sistema de enseñanza memorístico y vertical incentivemos un cambio positivo mediante la confianza y la sana comunicación entre docentes y estudiantes.
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